jueves, 15 de enero de 2009

Autor desconocido
"¡Defenderemos nuestra querida Moscú!", 1941


El Tío Sam del Este: “We Need You in the Army”
Alejandra Calderón Ordóñez


La imagen del Tío Sam invitándonos a participar en el ejército americano, es uno de los iconos más reconocidos del siglo XX; sin embargo, no pasa lo mismo con las imágenes soviéticas realizadas con el mismo propósito. Si analizamos esta cuestión, nos damos cuenta de lo efectiva que ha sido la propaganda anti-soviética llevada a cabo por los Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría. Cuántas películas nos ilustran sobre el papel heroico de los americanos en la Segunda Guerra Mundial, como por ejemplo en el desembarco de Normandía. Aunque no podemos negar la importancia de su ayuda en la resolución del conflicto, al final nos queda la sensación de que si no fuera por ellos, Hitler habría logrado dominar el mundo.

Al ver el fotomontaje “¡Defenderemos nuestra querida Moscú!”, de 1941, empezamos a replantearnos nuestra visión sobre el desenlace de este conflicto armado. Viéndolo con la perspectiva que otorga el tiempo, es indudable que la política de tierra quemada llevada a cabo por la población soviética ante la invasión alemana, fue fundamental para su derrota. Esta obra se convertiría entonces en una prueba del origen de esta postura defensiva, y de la manera en que el gobierno soviético la utilizaría para conseguir el apoyo de la población para su causa.

El fotomontaje, utilizado ampliamente en esta época, sobre todo en la URSS con fines propagandísticos, se convirtió en un arma de adoctrinamiento muy efectiva, conformando un auténtico discurso visual. Las imágenes llegaban a todos los públicos, en especial a la gran cantidad de masas analfabetas que componían la mayoría de la población. Las imágenes lo decían todo: por lo que se luchaba, por lo que valía la pena defender, y por lo que se esperaba del pueblo soviético.

Esta técnica no sólo era idónea por las posibilidades iconográficas que ofrecía sino que en sí misma representaba los ideales del nuevo régimen. La industria y la tecnología de vanguardia al servicio de la sociedad en su conjunto. Los artistas que creaban también eran parte de ella y ponían sus habilidades al servicio de la colectividad. No importaba si se firmaba o no una obra, como en este caso que es anónima, sino que ésta se convertía en una parte más del todo, que sólo unido podía llegar a ser realmente poderoso.

La situación de la URSS en estos momentos es bastante compleja, ya que debía luchar en dos frentes a la vez. Por un lado se presentaba la amenaza nazi, que pudo ser derrotada con ayuda de la población y de unas condiciones climáticas muy desfavorables para el ejército alemán. Como ya le había sucedido a Napoleón, el frío ruso fue uno de sus mayores enemigos. Por otro lado el gobierno debía consolidar la revolución y conseguir que el pueblo se sintiera parte de la misma.

Estos dos frentes y su importancia se ven reflejados en la iconografía del fotomontaje que comentamos. Aquí, las escalas juegan un papel fundamental. En un primer plano están quienes son considerados lo principales protagonistas de la acción, el grueso de la población. Es por esto que vemos representados a mujeres, jóvenes, ancianos o intelectuales, porque es en ellos donde verdaderamente se encuentra el poder de la nación. Además estos personajes cuentan con una parafernalia que también nos habla de lo que representan. Los pañuelos simbolizan a la clase obrera por y para quienes se ha hecho la revolución.

Una vez resaltado el papel de quienes luchan, la imagen nos revela una representación de qué es lo que se defiende. Es aquí donde nos volvemos a mirar aquellas construcciones, que tanto para los rusos como para los extranjeros, son fácilmente identificables con el patrimonio cultural del país, lo que define su propia identidad, y por tanto lo que no se puede dejar perder por ningún motivo.

En un plano secundario se encontrarían los elementos que representan al ejército, los soldados y los aviones. Estos serían el respaldo que el gobierno proporciona a aquellos comprometidos con la causa; aunque no sean los principales protagonistas, sin ellos sería inconcebible la derrota de los alemanes.

El cartel en su conjunto nos muestra, por tanto la importancia de los distintos elementos de la nación soviética en la Segunda Guerra Mundial. Sólo actuando de forma conjunta pueden alcanzar sus objetivos, que en este caso son bastante concretos, la defensa de Moscú, aunque este hecho tenga unas repercusiones mucho más trascendentales para el futuro del proyecto político que representa la URSS.

Volviendo a la reflexión inicial, encontramos ciertos paralelismos entre esta visión y aquella de los Estados Unidos. El desenlace de la Segunda Guerra Mundial no puede entenderse sin la participación de estas dos potencias. Lo que resulta curioso es como la visión que tenemos en el presente del papel jugado por cada una se ha visto mediado por una intensa campaña surgida de la Guerra Fría. Durante la segunda mitad del siglo XX, toda la industria propagandística americana, que encuentra uno de sus principales pilares en el cine y la fotografía, se ha encargado de mostrarnos al Este como el enemigo y como un peligro potencial: un ejemplo de esto sería la procedencia soviética de una inmensa mayoría de los villanos de las películas.

Esta aparente contraposición se diluye si miramos un poco más allá. Volviendo al paralelismo con el cartel del Tío Sam, vemos como ambas potencias recurren a armas psicológicas similares. Ambos invocan los sentimientos más profundos de identidad de sus ciudadanos, para que cualquier sacrificio se vea justificado. Se buscan unos ideales colectivos que trascienden el bien particular en pos del bien comunitario. A través de las imágenes se fortalece una visión del mundo presentada no sólo como única sino además como correcta.

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